Cerrar los ojos, evocar el pensamiento más antiguo. Encontrar uno y decir: “no, que va, debo acordarme de alguno más remoto”. Y hacer desfilar aquella caída en el patio de la casa, y el susto con el perro enorme , que en aquellos tiempos casi cualquiera lo era; el avioncito en forma de cuchara que intentaba aterrizar en la boca, piloteado por una mamá malabarista, pero con sus límites precisos. Llegar, después de mucho estrujarse las pupilas mirando hacia dentro, a confundir el recuerdo con la anécdota, el cuento de tu papá de qué hiciste esa vez, y una construcción quizá entre nubes espesas que parecen milenios, o acaso una foto amarillenta. Entonces, sorpresivamente y sin esfuerzo; aflora bastante nítido, la reminiscencia de una tarde lejana, solo, sin posibilidad de comentarios de terceros, donde tuviste una extraña conciencia de ti mismo.

El día del maestro
Diciembre 23, 2008De regreso a casa el viernes en la guagua del trabajo, la clásica madre de familia habanera hizo que me sonriera desde el asiento de alante: “¡¿A quien se le habrá ocurrido poner el día del maestro tan cerca del fin de año?!” aludiendo al 22 de este mes, y los consabidos gastos de los últimos días de diciembre, para llevar, al menos, algo que se escape de la rutina a la mesa. Y, bueno imagínense, los días del maestro las aulas hacen su fiestecilla a veces, se regala al profesor siempre, y no se da clases, casi nunca. Y de regalos de estos hablaban todos en el viaje: “Yo pienso comprar unas flores mañana sábado y ponerlas en agua, a ver si llegan al lunes”, “…porque yo tengo tres niños, y no es fácil” jajaja, me imaginé un ejército de padres, miembros anónimos de la ANIR, arreglándoselas para que su retoño no fuera con las manos vacías a la escuela. Y todavía me persiguió el resto del fin de semana cuando una amiga me decía: “No, es que el domingo no puedo, al menos no hasta tan tarde, que tengo que comprarle el regalo a mi hermano para el lunes”. Yo me pregunté que tienda abriría el domingo por la noche, pero decidí no hacerle swing a esa curva.
Del otro lado de las bambalinas, mi socio J, instructor de arte, profesor de primaria de barrio, me decía: “Ah! Ese día me voy con muchos perfumitos, pañuelitos, y desodorantes”. Y yo le preguntaba: “Y todos regalan?”. “Prácticamente todos – me decía – hay casos con situaciones muy difíciles”. Y visualicé el complejo de inferioridad de un niño sin regalo, al menos una flor, algo colorido, y vi también su incomprensión de ese afán de sus padres por llevar algo diferente a la mesa de fin de año.

El viejo
Diciembre 22, 2008De niño tenia un sueño recurrente. Y no estoy hablando del clásico llegada a la escuela/calle/lo-que-fuera, y ver de repente que estaba desnudo, o casi, y correr como un demente, que tantas “noches ajetreadas” me dio. Hasta me divertía en el fondo, y claro, también a los que estaban frente a mi “encuerismo onírico”, personajes que al parecer estaban inventados solamente para reírse de mí. Pero la iteración de las imágenes que me perturbaban eran otras. En mi camita de infante, me viraba de costado listo a rendirme, que es un acto que ni se piensa, y empezaba por entrever muchas veces lo mismo: un escenario gris, como una calle de barrio apretada, y un viejo. Este tenía un sombrero anticuado y sucio, y delante de sí, un rollo de papel casi de su tamaño. Y el viejo andaba, y empujaba el rollo, que iba dejando papel por el piso, y que pisaba a medida que avanzaba. Si en estos momentos salía del estado de ensueño, reconocía mis latidos en cada paso del extraño personaje, cadenciosos. Alguna vez me pareció que era papel sanitario, pero nunca pude estar seguro, por mucho que hiciera arqueología mental.

El canto triste de un tren lejano
Junio 5, 2009El canto triste de un tren lejano, me hace mirar profundo en la memoria con sus ecos de vagones tristes, luces trémulas y su background ronco y periódico. Ciertas noches cuando el viento viene de los yerbazales de la bahía y trepa esta aria a trescientos treinta metros por segundo las lomas de los confines del barrio, acontece que miro un trozo de película, de una madrugada oscurísima que tiene un monstruo arcaico-jurásico, soñando que avanza a tientas por un sendero inaugurado por milésima vez. Entonces envidio un poco la caravana de hierro, con sus chirridos y seseos, deambulando bohemia, trasnochadora, en lo que yo aburrido en una cama inmóvil me acuesto en el mundo que se mueve a treinta kilómetros por segundo.

Rótulo
Diciembre 15, 2008Una columna de un periodiquillo de aldea, un motivo para mover la falanges, un cartel amorfo, el aleteo de algún bicho (mariposa estaría un poco flojo), si es cierto que el batimento de cierto insecto puede generar un huracán del otro lado del mundo. (que grandilocuente, no?). El peo de un transeúnte, perseguidor de este, al fin conforme con quedarse vagando por ahí, ambientando narices; recibo de tiempo, hendija a la duda, culpable de futuros recelos, buzón de nostalgia fácil, la paja en el ojo, pasadizo secreto enojado de serlo, entrada, salida, permiso, permiso de salida, permutación de sales, de soles, piromanía, panegírico, ampolla, y derrame…